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19/2/17

LA SALA ROJA



DRAMATURGIA y DIRECCIÓN: VICTORIA HLADILO
INTÉRPRETES: MANUEL VIGNAU, JULIETA PETRUCHI, DANIELA RICO ARTIGAS, VICTORIA MARROQUIN, AXEL JOSWING, VICTORIA HLADILO
DURACIÓN: 75min
PRODUCCIÓN: COMPAÑÍA VICTORIA HLADILO
LA BADABADOC

Por lo pelos. De chiripa. De esas veces que te dejas llevar por los impulsos que te hacen salir del sofá aunque la vida no te dé para más y porque una voz no para de decir no te lo puedes perder. Así llegué a la Badabadoc, un espacio precioso que acogió durante dos semanas una gran maravilla teatral llamada La sala roja, un espectáculo casero argentino que por unos minutos nos hizo volver a la infancia.

Una reunión de padres a primera hora de la mañana convocada por Whatsapp. La espera a una directora que no aparece. Actividades a la cuál más surrealista que la anterior. Decisiones por tomar. Una nueva invitada a las reuniones. Dos bandos enfrentados. Los que sufren los grupos de whatsapp del cole, los cumpleaños conjuntos y otra serie de situaciones materna/paterno comunes, se pueden desternillar con las situaciones propuestas en la obra. Las personas que vivimos ajenas a tales dramas, también soltamos la carcajada y de repente se nos quitan las ganas, si es que las teníamos, de vivirlas en vivo y en directo.

Naturalidad, como viene siendo habitual en las producciones argentinas y más de este tamaño, como si estuviéramos en el salón de casa, entramos en una de las aulas de esta guardería, jardín de infancia y observamos curiosos el drama que se vive. Diferentes tipo de padres: desde la madre hiperprotectora y enloquecida por su hijo, la madre bio-ecologista-vegana, el padre molón o la madre soltera y que consiente a su hijo por encima de los normal. En medio de la jauría, una maestra, mano derecha de la directora, a la que esperan los padres.

Brillante la dramaturgia de Victoria Hladillo, que también signa la dirección y actúa, cómo de la simple anécdota de la reunión de padres se desarrolla una lucha de poder individual y se muestra a través de pequeños juego "inocentes" la verdadera personalidad de los protagonistas. Una dirección que no da tregua, con un ritmo trepidante, al más puro estilo argentino, donde las réplicas pisadas y el turno de palabra es un mero invento europeo.

Se pasó la oportunidad, espero que alguíen pueda volver la a recuperar, es de esas obras que merece más tiempo de cartel, una temporada entera, una magnífica terapia de risa y unas ganas locals de dejar de repoblar el planeta, ya no porque no nos gusten los niños sino por no tener que soportar a los padres.

JÚLIA



DRAMATURGIA y DIRECCIÓN: RAIMON MOLINS (basada en La señorita Julia de August Strindberg)
INTÉRPRETES: PATRICIA MENDOZA, JORDI LLORDELLA y MIREIA TRIAS
DURACIÓN: 1h 10min
FOTOGRAFÍA: CRISTINA SÁNCHEZ
PRODUCCIÓN: SALA ATRIUM
SALA ATRIUM

Fantástica, de momento, la Trilogía de la Imperfección que nos está regalando la Sala Atrium. Si entre diciembre y enero disfrutamos con una sensacional Nora, ahora es el turno para Júlia. Los que no somos muy fans del original, tenemos que aplaudir esta nueva versión, punto de vista, limpio de todos los convencionalismos de la época y centrada en descubrir la psiquis que un personaje mucho más poliédrico que el que escribió Strindberg. 

En su versión original el poder entre sexos y la relación amorosa entre las diferentes clases sociales está más en el centro de atención, en la dramaturgia de Molins Júlia está por encima de todas las cosas y su dibujo de niña rica y malcriada nos hace olvidar la inocencia, pero no tanto su maldad, de la visión de Strindberg. El juego continuo entre Jean y Júlia, deja en un secundario plano a Kristina y su amor por Jean, el tête a tête es a dos bandas y en un juego perverso entre quien domina a quien.

Patricia Mendoza dibuja una Júlia llena de matices, desde los ojos vidriosos de la felicidad de la primera noche de un verano caluroso, de una joven desesperada por comerse el mundo. Una seductora manera de mirar al mundo que acabará atrapada en un juego enfermizo. Su solvencia interpretativa la llevará a desarrollar el personaje hasta el final donde la risa entrecortada dejará paso a la locura, la fragilidad de una muñeca rota.

El Jean de Jordi Llordella es un seductor que se deja querer. Entra en el juego de una manera quizás más inocente e irresponsable que Júlia, pero se deja dominar por sus deseos. Una relación de amor y odio desde el principio, una relación tóxica en la que los personajes se auto-cierran en sus propias jaulas que la dominación busca mantenerlos encerrados y el juego e suna manera de entretenerse porque saben que de algún modo u otro nunca podrán quedar libres del todo.

Las proyecciones, la cámara, como ya pasaba en Nora, es la cuarta protagonista de la historia. Esta vez las proyecciones son más psicólogicas, dotándole a la pieza de un aire más de thriller, sacando a los personajes de su cotidianidad. Un ojo tecnológico que te muestra eso que el texto ha buscado omitir.

Clàudia Vila ha conseguido con pocos recursos construir tres escenografías en una, creando elementos diferenciadores para las tres piezas, pero que sólo el blanco de las paredes nos recuerde a ellas. Con la vista puesta en cómo nos llegará Nina en mayo, en cómo se cerrará esta trilogía, un titulo imperfecto que está rozando la perfección.